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¿Qué representa la rebelión más allá de los actos e ideas subversivas? La insurrección desde un enfoque schopenhaueriano

Para empezar, he de aclarar que quizá no deba tomarse en serio estas palabras, pues los análisis que he hecho, no están sometidos a ningún método experimental que garantice la certeza de este postulado, no obstante, creo que las ideas que he venido exponiendo en diferentes partes, no están del todo descabelladas; ideas que, están siempre entremezcladas con diferentes ámbitos del saber. Sin embargo, he invertido más tiempo en consideraciones de índole filosófica, donde la especulación siempre está en juego. Con esto quiero reafirmar la posición que mantengo con respecto a mis ideas y artículos: la veracidad de mis palabras es lo último que considero; lo que tengo en cuenta en primera instancia, es la manera en la que percibo y experimento el mundo, para así llevar a cabo diversas reflexiones acerca de lo que sucede a mi alrededor. Una vez aclarado esto, trataremos de encontrarle respuesta al interrogante principal; ¿qué representa la rebelión más allá de lo que se sabe?

Últimamente, en redes hemos notado el auge de las protestas que se llevan a cabo en casi toda Latinoamérica; esto, como bien se sabe, no es más que el efecto del descontento de la mayoría de pueblos con respecto a sus líderes. Hoy, se especula que las causas fundamentales de todos estos desórdenes que se han venido presentando, no son más que las políticas drásticas que los líderes de cada nación, han implantando de manera abrupta, y esto por no mencionar directamente el problema que podría clarificar más la cuestión: la crisis del capitalismo y la escasa repercusión que Estados Unidos está teniendo sobre los pueblos, que durante más de 50 décadas, han estado doblegados a su hegemonía. Y de forma similar, podríamos pasar horas, días, meses, años, etc., buscando los motivos o móviles de las más grandes protestas, o incluso, revoluciones, que han trocado el curso de la historia, y claramente podríamos encontrar justificaciones sociales, económicas, históricas, etc., que nos expliquen el porqué de cada lucha en particular; sin embargo, podemos entrever una ley general, que se encuentra en el trasfondo mismo de todas las causas.

Esencialmente, y sin tanta palabrería, podríamos reducir esto a un motivo en común que tenemos todos los seres humanos: progresoLa idea del progreso siempre ha estado implícita en todas las luchas sociales. Quizá existirán algunas particularidades; verbigracia, pueblos y minorías que se abstienen a esta idea, ya sea por mantener sus raíces históricas o ya sea por no depositar esperanza en tal asunto. Generalizando la cuestión, podríamos decir que cada lucha, tiene como base extirpar los errores, para luego modificar o edificar nuevos proyectos en aras de la sociedad. Entonces, las conflagraciones que nos llevan a construir una sociedad medianamente más avanzada, ¿se hacen bajo qué lema?

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¿Sometidos a qué?

Claramente, toda rebelión cuenta con algún tipo de justificación, y en esta, normalmente nos toparemos con el concepto de justicia. ¿Qué pide el pueblo?, una sociedad justa y equitativa, y la idea del progreso, hemos de suponer que va de la mano con esas dos premisas principales —justicia y equidad—. No nos extenderemos explicitando sobre este concepto —justicia—, dado que no terminaríamos nunca, tendríamos que dilucidar, además de su peso histórico y contenido etimológico, sobre las nuevas edificaciones morales que se están presentado, y tratar, incluso, el problema de su ambigüedad. En efecto, serían muchos los inconvenientes que tendríamos que resolver. Sin embargo, la cuestión fundamental estriba en las 3 palabras claves que ya mencionamos: justicia, equidad y progreso. Aunque es posible que la segunda pueda ser subsumida en la primera, las dejaremos por separado, para ser más enfáticos en la cuestión.

Según esto, la respuesta a nuestra pregunta principal, yace dentro del meollo de la trilogía ya mencionada, pero ¿qué es lo que se esconde ahí?, ¿con qué motivo, o más bien, con qué aspecto metafísico nos encontramos? Con el de la voluntad, sin duda. Este término lo tomaremos en un sentido schopenhaueriano; nos encontramos ante un aspecto que constantemente está eligiendo, está arrojándose hacia adelante: lo captamos insatisfecho en su totalidad. Tal insatisfacción no solo estará dentro del margen de la cotidianidad de la vida, es decir, cuestiones como el deseo de una mujer diferente a mi pareja; el deseo por objetos nuevos y diferentes a los que poseo, y así sucesivamente... Este aspecto también se manifiesta dentro de los límites de la insurrección, o sea, revoluciones y grandes protestas sociales... Si se quiere, podemos enfocarlo más a nuestro entorno estudiantil: asociemos esta cuestión con el ámbito universitario y los pequeños círculos de estudiantes que se suman a los actos subversivos.

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    ¿Sería concebible la vida sin rebelión?, ¿existe una forma de arte en la violencia?

Habida cuenta de que los actos agitadores, dentro del área estudiantil, siempre están supeditados a diversas críticas, o más bien, hay una polarización entre sus espectadores; mientras unos apoyan estos hechos, otros, por el contrario, los rechazan. Los primeros defienden tales actos justificando que la violencia de los rebeldes —encapuchados—, es sinónimo de compromiso y resistencia ante la mala administración pública; mientras que los segundos, abogan por una modalidad diferente de protesta para hacerse escuchar, rechazando de manera categórica, las formas de violencia sediciosa. Pero aquí no ha de importarnos las formas de juzgar estos actos, sino más bien el porqué de ellos. En mi corto tiempo de academia, he podido analizar estos levantamientos de cerca, a tal punto de pertenecer de manera directa en estos sucesos, con el único fin de cuestionarlos. En primera instancia, me fue necesario disipar la idea de "se lucha en contra de la corrupción", porque en realidad, estas pequeñas luchas no ejercen un cambio a gran escala, solo una mínima presión en la que si se tiene suerte, se podría lograr una reforma para nada significante.


Por consiguiente, se preguntará, ¿cómo se puede disipar esa idea, si la corrupción sí justifica la lucha?, es indiscutible que la lucha en contra del mal gobierno de los recursos, se gana a la fuerza, o no se gana. No obstante, lo que estoy colocando en tela de juicio, no es la tesis de luchar para extirpar el mal gubernamental, sino el concepto mismo de lucha y lo que hay detrás de ella. Para no dar rodeos sobre esta idea, quiero hacer entender que, existen luchas infructíferas que no buscan más que una actividad liberadora —esta posición no será aceptada por los agitadores, de manera clara—; una actividad que cambie la transición del día y el aburrimiento de la cotidianidad, y esto es por lo que precisamente la rebelión es menester y no debe coincidir necesariamente con una justificación teórica, que contenga los tres pilares expuestos anteriormente —justicia, equidad, y progreso—. ¿Alguna vez, por ejemplo, hemos pensado en un mundo justo y lineal, en el que se contase con todos los objetivos saciados y todas las luchas ganadas?, ¿qué sería del espíritu humano? Se encontraría encerrado. Entonces, ¿de qué manera encontraríamos la rebelión en ese caso?, nos veríamos atiborrados y hastiados de la vida, ¿qué habría de nuevo en ella?, ¿cuáles serían los nuevos propósitos sino labrar la tierra, procrear, y quizá recurrir a uno que otro placer momentáneo? No habría grandes ideas sobre el mundo, no habría un propósito monumental por el que luchar, y en ese instante... ¿a qué se recurrirá?

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Pero si todos los deseos se viesen colmados apenas se formulan, ¿con qué se llenaría la vida humana?, ¿en qué se emplearía  el tiempo? Pongan a la humanidad en el país de Jauja, donde todo creciera  por sí mismo, donde volasen  asadas las alondras al alcance de la mano, donde cada uno encontrara al momento a su amada y la consiguiese sin dificultad, y entonces se vería  a los hombres morir de aburrimiento o ahorcarse: a otros reñir, degollarse, asesinarse y causarse mayores sufrimientos de los que ahora  les impone la naturaleza (Schopenhauer, 1819).

Según esto, la lucha no es únicamente un factor que nos mueve hacia un propósito, sino que representa un propósito en sí mismo, es decir, la lucha es una de las formas más colosales de justificar la existencia. Así pues, habiendo aclarado todo esto, el problema está en cómo abordaremos un mundo totalmente justo, donde las necesidades básicas hayan sido saciadas; donde las injusticias más deplorables hayan sido extirpadas; donde los derechos que se reivindicaban hayan sido finalmente otorgados...; se piensa generalmente, que tal mundo será soportable y digno de ser vivido, pero ¿qué nos puede garantizar semejante cosa?

Asimismo, no es poco común ver a tantas personas depositar su esperanza en tal sociedad; por ejemplo, tengo amigos y conocidos, que hoy por hoy se dedican a aportar a esta causa: pertenecen a pequeños colectivos revolucionarios, o a grupos activistas que buscan contribuir a la sociedad. Tal labor, a simple vista, no es de rechazar, pero cuando caen en esas redes de manera arbitraria y estúpida, no hacen sino someterse a la vulgaridad. La gran mayoría de estas personas que luchan fervorosamente por tales ideales, siempre se encuentran doblegadas a su voluntad: no saben qué es seguir principios dictados por la razón. A este punto, debemos entonces, desapropiarnos del concepto de lucha, y ahora solo lo entenderemos como un fenómeno netamente objetivo y justificable, en otras palabras, uno en el que encontraremos un sentido más allá del mero sometimiento de la voluntad. De esta manera, distinguiremos dos partes: lucha y lucha por sometimiento. El primero hace referencia a la sedición justificable, que busca liberarse de la esclavitud del opresor. Mientras que el segundo, recurre a la justificación del primero, pero busca únicamente la entretención por medio de la violencia, o sea, por medio de la rebelión.

La gran mayoría de actos subversivos, por lo menos en pequeñas partes de la ciudad, siempre suelen llevarse a cabo bajo el título de lucha, cuando no son más que luchas por sometimiento. En una sociedad justa, donde todo haya sido saciado, no habrá justificación alguna por la que luchar, pero siempre habrá excusa vigente a la que podamos recurrir; la rebelión nunca será reconocida como un acto plenamente metafísico, siempre tendrá que responder a causas políticas, sociales, económicas, etc. ¿Acaso podemos imaginar un mundo en el que se diga algo como "me rebelaré por aburrimiento, por haber saciado todos mis placeres"?, esto es, casi inconcebible. Habrá que recurrir a nuevas prácticas extremas, que arranquen de raíz todo vestigio anárquico que pueda producir la irrupción de la voluntad; canalizarla, para ser más precisos.

Para ser más explícito, es menester entender que, la rebelión es un acto que se fundamenta más allá de un motivo, como lo puede ser la idea del progreso; es un acto que se puede entender plenamente desde un enfoque pasionario o irracional, donde podría concluirse incluso, que la rebelión es una forma de expresión más entre tantas; en otras palabras, el ser humano necesita rebelarse ante algo o se vería sometido al peso angustiante de la armonía.


¿Quién dijo que la justicia garantiza felicidad?; ¿de qué manera soportaremos el peso de la justicia?







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